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ALGUNAS ANÉCDOTAS DE NUESTROS TRABAJOS

« Volver al listado | 29 de Diciembre de 2017

   En Andreu Plano intentamos que el trabajo de todo el equipo sea distendido y agradable. Las buenas relaciones favorecen los buenos acabados. Colaboramos con buenos profesionales que conocen su oficio y lo ejercen con responsabilidad. Por ello, me atrevo a contar estas pequeñas intimidades que siempre han acabado en risas. Son una pequeña muestra. Las primeras que me vienen a la cabeza.

* El despiste del albañil

    Hace muchos años, durante la visita de obra a una vivienda que estábamos reformando, ví que el albañil estaba levantando la tabiquería de cierre de un dormitorio. El tabique ya subía unos 130 cm. Al verlo, no pude evitar una sonrisa. Le comenté al albañil: voy a ver otras cosas. Hay algo que está mal. A ver si cuando vuelva en 15 minutos sabes qué es.

Tras realizar otros trabajos, volví a mi albañil. Lo encontré pensativo con el metro en la mano. Este fué el diálogo:

- Qué, ¿te has dado cuenta de lo que está mal?

- Para nada. He repasado todo. Está a peso. Bien replanteado y rejuntado. Está todo bien.

- Bueno, ¿y por donde piensas salir?

Ambos estallamos en una carcajada. Había olvidado situar la puerta de accso a la habitación.

 

* Sólo te pido la luna

   Esto sucedió al prncipio de abrir nuestro estudio, hace muchos años. Nos llama una señora. Quiere hacer una reforma de su cocina. Metro en mano, voy a la vivienda. Se trata de una cocina de unos 9 m2. Nada mas recibirme me indica que ya tiene la solución. Quiere sacar la lavadora y secadora de la cocina y ha decidido hacer una entreplanta (segunda altura) con acceso mediante escalera donde instalar esos dos electrodomésticos. La miro y veo que va totalmente en serio.  Con calma, decido explicarle el nuevo espacio que resultaría. Sólo tendría una altura de unos 115 cm en cada planta. De acuerdo que serían el doble de metros, pero salvo que encogiera, serían inutilizables.

Insiste en esa solución y le pongo el ejemplo de hacer un huevo frito totalmente agachada. Con un espacio entre la sartén y el techo de sólo 25 cm. 

Lamentablemente no la pude convencer, aún manifestándole la total ilegalidad de ese trabajo y educadamente le indiqué que no podíamos hacerlo.  Aún me pregunto si al final convertiría su cocina en la de pin y pon.

 

* Maldita "o"

  Mi primer trabajo. Todavía no entiendo como no me despidieron. Trabajaba en una gran empresa de decoración y mobiliario. Amueblamos un piso piloto en unos grandes bloques de apartamentos en la montaña. Disponíamos de la dirección de los compradores y decidimos hacer una carta-presupuesto, con fotos, planos y dibujos, ofreciéndonos para realizar el amueblamiento. Esta carta se envió personalizada a unos 400 compradores. La empresa me encargó a mí el diseño, textos y elaboración. Direccción me felicitó por el trabajo.

A los pocos días, recibí personalmente a los primeros posibles compradores. Nos sentamos y lo primero que me dijeron señalando el presupuesto fué ..."esto no se preocupe que lo pondré yo". Pensé que era una pieza de mobiliario y le dije que sin ningún problema. Él dijo: No lo ha visto, verdad ..., señalando el texto. Léalo por favor.  Mis ojos se abrieron como platos al tiempo que notaba un calor tremendo en mi cara. La línea debía decir "... silla de comedor en madera de pino abeto. Se incluye cojín para el asiento", pero realmente ponía "... silla de comedor en madera de pino abeto. Se incluye cojón para el asiento". La habíamos enviado a 400 personas. Parece imposible, pero dirección nunca se enteró del gazapo.  Me costó un gran esfuerzo, pero conseguir atender yo a absolutamente todos los poseedores de la carta que nos llamaron. 

* Conversaciones de obra: sonrisas y lágrimas

  Eran los años locos. Cuando 20 horas al día, eran pocas para sacar y atender todo el trabajo que teníamos.Tanto técnicos como profesionales estábamos al límite de nuestras fuerzas.  Esa mañana estaba hablando en una obra con el electricista y el albañil. al poco se incorpora el carpintero, (un buen tipo muy sensible). Sus ojos llorosos, ojeras, serio. Interrumpe la conversación y nos dice... "me ha dicho mi mujer que como siga así, me deja. Yo la quiero. Necesita mas tiempo conmigo, dice que no me ve. Creo que lo dice de verdad". 

Ante ese mensaje, nos quedamos los tres muy serios. Sin palabras. No sabíamos qué decirle. Rompió el silencio el albañil, un hombre bajito, de vivos ojos azules. Le mira fijamente y sólo le pregunta: !Jo, qué suerte!. !Dime qué hay que hacer!. Fue uno de esos momentos en que todo acaba en risas. Creo que lo animó mas que si lo hubiera consolado.

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